Los planificadores financieros y los psicólogos han intentado determinar el papel que desempeñan las emociones en nuestra capacidad para administrar el dinero. Mientras que algunos parecen pensar que tenemos poco o ningún control sobre nuestras emociones y, por lo tanto, poco o ningún control sobre nuestro dinero, otros se inclinan por el extremo opuesto e insisten en que podemos ejercer un control total sobre nuestras decisiones mediante un proceso de pensamiento racional. La verdad probablemente se encuentre en un punto intermedio.
Los humanos solemos ser criaturas racionales e intentamos tomar buenas decisiones. Sin embargo, a veces nuestras emociones distorsionan nuestra capacidad para determinar con precisión y acierto las opciones disponibles, y otras veces carecemos de información suficiente para tomar la mejor decisión. Sea cual sea la situación, permitir que nuestras emociones controlen nuestro pensamiento generalmente reduce la posibilidad de tomar buenas decisiones.
Al aplicarlo a nuestras finanzas personales, estamos aprendiendo que las decisiones emocionales se relacionan más con lo que representa el dinero que con el dinero en sí, lo que significa que se trata más de satisfacer una necesidad emocional que del bien o servicio adquirido. El gasto emocional suele ser una solución costosa y a corto plazo con consecuencias a largo plazo.
Percepciones versus realidad
Nuestras percepciones sobre el dinero suelen estar estrechamente relacionadas con los mensajes que recibimos de nuestros padres sobre el papel del dinero en sus vidas. Si discutían abiertamente por dinero, quizá aprendimos que administrarlo era un punto de discordia o confrontación, más que un esfuerzo conjunto en el matrimonio. Si nunca hablaban abiertamente de dinero, quizá aprendimos que los asuntos financieros deben mantenerse en secreto y nunca hablarse en familia. Y si hablaban abiertamente de sus finanzas personales, tendíamos a tener esa misma expectativa de nuestro cónyuge. Esto facilita la comprensión de cómo dos personas en la misma situación financiera pueden reaccionar de manera diferente.
Tener una conversación abierta y honesta sobre dinero con tu cónyuge o futura pareja no es precisamente el tema más romántico; sin embargo, puede ser la clave para mantener una relación sana y uno de los pilares para construir un buen matrimonio. Las diferencias en la percepción y el uso del dinero se citan a menudo como la principal causa de divorcio. En otras palabras, no es la falta de dinero, sino nuestros vínculos emocionales con él, lo que crea el problema.
Money Talks
Comprender que cada uno percibe el dinero de forma un poco diferente puede facilitar una conversación más sana sobre asuntos financieros con su cónyuge o pareja. A continuación, le presentamos algunos consejos para ayudarle a empezar y, con suerte, encontrar puntos en común.
Establezca una hora específica para hablar. Elegir un momento conveniente para ambos e incluso preparar una agenda juntos ayudará a crear el ambiente. También ayudará a evitar la posibilidad de sorprender a tu pareja con una conversación sobre dinero, especialmente si tienen ideas diferentes sobre la gestión de sus finanzas.
Empecemos hablando de objetivos. La idea es hablar de resultados positivos en lugar de centrarse solo en lo negativo. Pueden tener metas individuales y familiares, así que anótenlas y ayuden a cada uno a encontrar la manera de alcanzarlas. Estén dispuestos a escuchar las ideas del otro y eviten decir "no" al enumerar sus metas.
Muestra tu amor y respeto. Todos cometemos errores; culpar a tu pareja solo creará más discordia y problemas. Ser consciente de tus propios defectos te permite ser más comprensivo y atento. Lograrás mucho más conversando con calma y tranquilidad en lugar de intentar tener la razón.
Ser honesto. Una encuesta nacional reciente reveló que el 36 % de los hombres y el 40 % de las mujeres casadas o en convivencia admitieron haber mentido a su pareja sobre el precio de un artículo. Incluso la mentira piadosa más simple puede generar desconfianza y salirse de control rápidamente. Ser honesto también significa ser honesto contigo mismo. Si tienes un problema de gastos, reconócelo y trabajen juntos para encontrar soluciones.
Reconocer las diferencias. Hombres y mujeres suelen abordar los problemas de forma diferente; lo mismo ocurre con el dinero. Las mujeres tienden a considerar el dinero como una cuestión de seguridad, mientras que los hombres suelen tener una mayor tolerancia al riesgo. Si llegan a un punto en el que no pueden ponerse de acuerdo sobre un asunto financiero, quizá sea mejor buscar el asesoramiento de un tercero imparcial, como un planificador o asesor financiero.
Discuta los temas difíciles. A nadie le gusta hablar de seguros de vida, testamentos o asuntos relacionados con el final de la vida. Sin embargo, tener un plan establecido será un gran consuelo cuando llegue el momento. Planificar con antelación también reducirá la posibilidad de tomar decisiones emocionales costosas.
Acepte hablar regularmente. Reunirse para monitorear su situación financiera les ayudará a concentrarse en alcanzar sus metas. Programen una reunión mensual o trimestral para reevaluar cualquier cambio o celebrar cualquier logro.
Sue Lynn Sasser, PhD, es profesora de Economía en la Universidad de Central Oklahoma.


