¿Resistencia o aceptación?
Hay una escena icónica en "Star Wars: El Despertar de la Fuerza" que me pareció bastante irónica. No me pareció muy diferente cuando vimos la película. Solo unas semanas después, tras hablar con uno de mis hijos sobre una situación, esa escena me vino a la mente de nuevo. Solo entonces se repitió y cobró sentido lo que George Lucas podría haber querido transmitirnos en esa escena. La escena a la que me refiero es aquella en la que Kylo Ren tiene a Rey atada, incapaz de escapar, mientras intenta extraer información para localizar a un droide muy importante.
Si han visto la película, saben exactamente a qué escena me refiero. Para quienes no la hayan visto, les cuento. La escena es una batalla de la "fuerza", en este caso, la capacidad de extraer información de la mente de otro ser. El droide buscado posee información vital para completar el malvado plan de Kylo Ren. Todos sabemos que las películas terminan con los buenos ganando y los malos perdiendo, pero ese no es el objetivo de mi historia.
No puede moverse, recién despertada tras estar inconsciente en una nave extranjera, con una figura amenazante frente a ella. Esta escena por sí sola es aterradora. Me imagino a la mayoría de la gente rindiéndose de inmediato, presa del pánico, y gritando: "¡Aquí está la información! ¡Suéltenme!".
Lo que vemos, en cambio, es a una joven luchadora que ha luchado por sobrevivir sola durante tanto tiempo. Ha albergado el poder en su interior, pero nunca lo había percibido. Una vez que lo descubrió, quiso huir de él. La asustó. Era todo lo que no había sido, hasta ahora.
Ahora comprendía que ese mismo poder, que había negado durante tanto tiempo, era lo único que podía salvarla. Comprendió que el enemigo no tenía control. Este poder, esta fuerza, solo tenía fines benéficos, nunca malos.
Con todo su ser, centró su atención donde más la necesitaba. En cuanto supo que estaba lista, habló. En lugar de que él la alejara, fue ella quien lo alejó. Sintió cómo se sentía él. Sintió su debilidad. Sintió que no eran tan diferentes, pero que ahora ella era la más fuerte. Aprovechó eso, manteniendo la calma y la concentración, para ganar esta parte de la batalla.
En esa escena, comprendí la lucha que muchos de nosotros sentimos. No me refiero solo a las dificultades que, como padres, enfrentamos al buscar el apoyo para nuestros hijos. También me refiero a las muchas personas que luchan a diario por comunicarse en un mundo que no comprenden, y que a menudo no los comprende.
Lo creas o no, cada uno de nosotros lleva un poquito de fuerza dentro. Quizás quieras negarlo, pero ahí está. Espera a que lo descubras, lo aceptes y lo dejes crecer en tu interior. ¿No me crees? Pregúntame. Yo también lo descubrí.


