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Fiebre de primavera y la ley de la ondulación

by Kaye Wilson

Tiempo de leer: 2 minutos 

La fiebre primaveral no solo afecta a los estudiantes. Yo también la estoy pasando mal ahora mismo, al igual que la mayoría de mis compañeros. Es muy tentador rellenar el día con trabajo pesado, dejando pasar los problemas de conducta, por no hablar de las tareas y la docencia. Y ni hablar de corregir exámenes: voy tan atrasado que voy a tener que trasnochar para ponerme al día antes de que salgan las calificaciones. Soy como el caballo que ve el establo a lo lejos y echa a correr, ignorando todo lo que hay entre mí y esa puerta que lleva a la comodidad y al descanso.

En momentos como estos, es importante recordar la "ley de la ondulación". Este término fue acuñado por C. S. Lewis en su fabuloso libro, Cartas del diablo a su sobrino, y se refiere al flujo y reflujo natural de nuestras vidas en todo, desde los tiempos y las estaciones hasta los estados de ánimo y las dinámicas relacionales. Cualquiera que tenga en la cabeza lograr algo de importancia duradera, o terminar lo que ha comenzado, debe mantener cierta concentración; todos conocemos la ilustración de vivir sin rumbo y no llegar a ninguna parte, y la mayoría nos hemos fijado metas de diversos tipos que estamos decididos a alcanzar: obtener un título universitario, criar hijos bien educados, forjar un matrimonio sano. ¿Qué hacer cuando la determinación flaquea y olvidamos el valor de la meta, o simplemente nos cansamos tanto que parece que no podemos seguir adelante?

Una opción es aguantar. Otra es buscar excusas y finalmente rendirse. ¿En qué estábamos pensando? Algunas metas son tan difíciles y tardan tanto en lograrse que mantenerlas requiere más compromiso del que nos sentimos capaces de mantener. Aquí es precisamente donde entra en juego la ley de la ondulación. Si recordamos que los cambios en el compromiso, el entusiasmo, el afecto, el interés, la concentración y prácticamente todo lo que podamos imaginar están en constante cambio (ondulación), que esto es normal y que en algún momento recuperaremos el propósito que nos impulsó a fijar nuestras metas en un principio, nos ayudará a no rendirnos. Esto también pasará.

La próxima vez que sientas que has fracasado, que no puedes terminar lo que empezaste, o que simplemente eres una persona terriblemente defectuosa, incapaz de perseverar en nada, recuerda la ley de la ondulación. O recuerda lo que dijo el salmista: "¿Por qué te abates, alma mía?... Espera en Dios, porque aún he de alabarle, mi ayuda y mi Dios". Salmo 43:5

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