Hace unos días, volvía a regañadientes a la oficina después de comer. Era un día precioso, soleado y templado. Llevaba las ventanillas bajadas y la radio encendida. Reduje la velocidad en un semáforo en amarillo, intentando ganar un poco más de tiempo al aire libre. Al poco rato, una joven se detuvo a mi lado. Miré de reojo y vi que había sacado un sonajero de algún sitio y lo agitaba para su bebé en el asiento trasero. La joven madre sonreía abiertamente y, sin duda, hacía sonidos de gugu gugu para su bebé. Aunque no podía ver al bebé, supuse que estaría un poco alterado.
En ese momento, me di cuenta de algo. Me di cuenta de que incluso hoy, con mis hijos de 7, 9 y 12 años, sigo agitando el sonajero con demasiada frecuencia. Ahora, la forma del sonajero ha cambiado. Para las niñas, es el nuevo conjunto, la muñeca, lo que sea que tengan en mente en este momento. Para mi hijo, es el nuevo videojuego o el nuevo aparato. Sé que no hay nada de malo en regalarles a mis hijos, pero sí se convierte en un problema potencial cuando el regalo reemplaza al sonajero. Si estoy comprando algo o adquiriendo la entrada para el evento con el único propósito de apaciguar, complacer, detener las quejas o algún otro acto egoísta, me lo he perdido.
Acéptalo. Si tus hijos se acostumbran a que el sonajero les calme las rabietas, esperarán lo mismo de los demás cuando ya no estén bajo tu control. A los adultos que necesitan sonajeros se les llama… malcriados. A la gente no le gusta estar cerca de ellos ni relacionarse con ellos.
Los sonajeros pueden ser peligrosos. Úsalos con moderación y precaución.
Nota: Al empezar a escribir esta entrada, recibí mi correo electrónico diario notificándome de una nueva publicación en el blog de Epic Parent.tv titulada "¡Padres, por favor, bajen la velocidad!". El tema es muy similar a esta entrada y, en mi opinión, es muy acertado. Échale un vistazo aquí: http://www.epicparent.tv/parents-please-slow-down/


