La lectura es una de las habilidades más importantes que un niño puede tener. Ayuda a desarrollar el lenguaje, amplía el vocabulario y favorece un desarrollo cerebral saludable. Leer también es una excelente manera para que los padres estrechen lazos con sus hijos. Sin embargo, aprender a leer es una habilidad difícil que requiere tiempo, paciencia y práctica.
Antes de enseñar a un niño a leer, es importante fomentar su amor por la lectura. Una de las mejores maneras de lograrlo es visitando la biblioteca local y dejando que el niño elija un libro que le interese. Una vez que lo elija, intenten crear una experiencia en torno a la historia. Por ejemplo, si el niño elige un libro sobre el supermercado, léanlo juntos y luego visiten uno para que pueda relacionar la historia con experiencias de la vida real. Otra forma divertida de fomentar el amor por la lectura es realizando una manualidad relacionada con la historia. Las familias también pueden crear un club de lectura eligiendo un libro juntos, viendo después la adaptación cinematográfica o preparando una comida inspirada en la historia. Estas actividades ayudan a que la lectura sea emocionante y memorable.
Una vez que su hijo haya desarrollado el gusto por los libros, existen varias maneras de reforzar sus habilidades de lectura.
Lo primero es leer todas las noches. La lectura constante les da a los niños la oportunidad de mejorar un poco cada día, a la vez que fortalece su confianza.
Otra estrategia útil es el método de los cinco dedos. Pídele a tu hijo que lea una página de su libro actual y que levante un dedo por cada palabra que le cueste leer. Si no levanta ningún dedo, probablemente el libro sea demasiado fácil, aunque es importante que lo termine para enseñarle el valor de completar lo que empieza. Si levanta dos o tres dedos, el libro tiene un buen nivel de lectura. Si levanta los cinco dedos, el libro es demasiado difícil. En ese caso, léelo en voz alta y luego ayúdale a elegir un libro más fácil que pueda leer de forma más independiente.
Finalmente, a lo largo de la historia, haz preguntas que empiecen con “W”, como “¿Quién?”, “¿Qué?”, “¿Cuándo?” y “¿Dónde?”. Hacer estas preguntas ayuda a desarrollar la comprensión lectora, ya que anima a los niños a pensar y comprender lo que leen en lugar de simplemente decir las palabras.
Crear experiencias de lectura positivas y practicar estas sencillas estrategias puede ayudar a los niños a convertirse en lectores más competentes y seguros de sí mismos. Y lo que es más importante, pueden desarrollar un amor por los libros que les durará toda la vida y que les beneficiará tanto en la escuela como en el futuro.


