Cultivando el gusto por la educación - Revista MetroFamily
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Cultivando el gusto por la educación

by Kaye Wilson

Tiempo de leer: 2 minutos 

La educación clásica tiene como objetivo entrenar los afectos.Eso significa enseñarle a un niño qué debe apreciar, qué debe amar. A todos los niños les encanta que les lean un cuento o pasar una tarde en el parque con papá; son cosas con un valor intrínseco: son realmente buenas, y no es necesario enseñarles a disfrutarlas. Cuantas más oportunidades tengan los niños de experimentar la alegría genuina que proviene de este tipo de placer, mayor será la profundidad de humanidad que podrán desarrollar.

Otros afectos deben cultivarse con cuidado, simplemente porque no surgen de forma natural. Si crees que solo lo "natural" es realmente bueno, permíteme hacerte una pregunta sencilla: dado que a tu hijo le encanta el helado y le disgustan las verduras por naturaleza, ¿crees que es mejor dejar que haga lo que le sale de forma natural, comiendo solo lo que disfruta por naturaleza, o crees que deberías esforzarte en acostumbrarle a comer lo que le sienta bien?

De la misma manera que debemos redirigir las papilas gustativas, debemos reconocer la propensión humana a inclinarse hacia la pereza, el engaño y una serie de otras tendencias no tan maravillosas.De ahí la educación. Los educadores clásicos creen que el objetivo de la educación no es la capacidad de obtener buenos resultados en exámenes estandarizados, ingresar a una universidad de la Ivy League o de primer nivel y conseguir un trabajo particularmente lucrativo, sino entrenar la mente y los afectos hacia aquello que no percibirían de forma natural: la verdad, el bien y la belleza. En resumen, la educación tiene como finalidad formar un ser humano más humano.

Aunque parezca extraño, este proceso se extiende a ayudar a los niños a aprender lo que es realmente gracioso. A los niños de cierta edad —digamos, a partir de 4.º o 5.º de primaria— les encantan las tonterías. No me refiero a la infantilidad normal, que suele ser muy entrañable y genuinamente divertida, sino a las cosas realmente temerarias, cosas que los distraen a ellos y a los demás de lo que es realmente importante y valioso, les hacen perder el tiempo y dirigen todas sus energías a ser el centro de atención. Cuanto más crece un niño, más vital se vuelve cortar esto de raíz.

Los padres y maestros deben ayudar a los niños a evitar que utilicen la risa y las bromas para encubrir la irresponsabilidad, la falta de respeto, la deshonestidad y la crueldad. No sólo eso, debemos exigirnos los mismos estándares, demostrando un rechazo a hacer bromas a expensas de los demás o usar el humor para encubrir cosas que sabemos que están mal. ¡Todo es parte de una educación integral, parte del cultivo del gusto por lo genuinamente verdadero, lo bueno y lo bello!

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