Ya bien entrado el primer mes de este nuevo año, ¿cómo vas con tus propósitos de Año Nuevo?
Las cosas que deseamos mejorar dicen mucho sobre nosotros y nuestras prioridades. Los propósitos típicos que he escuchado son: "Quiero bajar de peso", "Quiero ganar más dinero" y "Quiero pasar más tiempo con mis hijos".
Todas estas son resoluciones nobles, sin duda, pero ¿qué pasaría si decidiéramos mejorar solo nuestra actitud? ¿Alguna vez has oído que la vida es un 10 % de lo que te sucede y un 90 % de cómo reaccionas? Si esto es cierto, es una noticia maravillosa, porque pase lo que pase en nuestro mundo, nuestra actitud es una de las pocas cosas que está totalmente bajo nuestro control.
Recientemente leí unas excelentes reflexiones sobre la actitud de Charles Swindoll: «No podemos cambiar nuestro pasado… no podemos cambiar el hecho de que la gente actúe de cierta manera. No podemos cambiar lo inevitable. Lo único que podemos hacer es tocar la única cuerda que tenemos, y esa es nuestra actitud. La actitud es más importante que los hechos. Es más importante que las circunstancias, que los fracasos, que el dinero, que los éxitos, que lo que piensen, digan o hagan los demás. Es más importante que la apariencia, los dones o las habilidades. Determinará el éxito o el fracaso de una empresa, una iglesia, un hogar».
Qué maravilloso es pensar que lo único que realmente depende de nosotros es más grande e importante que cualquier momento difícil, pérdida o desafío. ¿Con qué frecuencia nos centramos en todo aquello que no podemos cambiar, cuando el factor más importante de nuestras vidas depende totalmente de nosotros? Podemos elegirlo cada día. Si ayer tuvimos una mala actitud, mañana podemos elegir una mejor.
En este tiempo de superación personal, quizás te unas a mi propósito para 2015: mejorar mi actitud, pase lo que pase en mi vida en los próximos 11 meses. ¡Feliz Año Nuevo!


