En la película "Say Anything", hay un momento en que el personaje de John Cusak está en la habitación de Ione Skye y ve un diccionario gigante que ella tiene, con palabras resaltadas, subrayadas y marcadas, con notas en los márgenes. Cuando él le pregunta, ella le dice que marcó las palabras que había buscado a lo largo de los años. Y el libro estaba completamente cubierto con sus notas. Siempre me encantó eso.
Sí, adoro mis palabras. Y a medida que mis hijos crecieron y empezaron a preguntar sobre palabras más complicadas, les ayudaba a encontrar el significado o les explicaba el significado y el contexto. Pero con el tiempo, me cansé de ser el Google humano, cansada de dar las mismas definiciones una y otra vez porque nunca parecían encajar.
Ahora tenemos un diccionario en la mesita de noche de la sala. Les recomiendo a mis hijos que consulten el diccionario para que busquen las palabras que quizá no conozcan, lo que siempre provoca miradas de disgusto y profundos suspiros. Creo que el simple hecho de buscar estas palabras les ayudará a afianzar su significado. Supongo que el tiempo dirá si es así o no.
Cuando los animé a resaltar las palabras que buscaban, como una forma de hacer un seguimiento y ver lo que habían aprendido, me encontré con una mirada que era el equivalente a "Mamá, estás loca y eso es lo más raro que he escuchado en mi vida".
Pero aún así creo que es genial.


