Cada padre es diferente. Incluso en la misma familia, los padres tienen una perspectiva distinta sobre lo que es más importante para ellos. Estos ideales se basan en nuestros orígenes, nuestra situación actual y nuestro futuro. Y estos ideales orientan nuestra crianza.
Cada día pienso en el trabajo que hice ese día con mis hijos. Creo que eso es propio de mi generación; somos una generación de pensadores y sobreanalistas. Pero quiero que mis hijos sean conscientes de sí mismos, no egocéntricos; generosos con su tiempo y cariño, y tacaños con sus juicios y palabras malsonantes. Y solo hay una manera de lograrlo.
Necesito mostrarles a mis hijos, con mis acciones, cómo ser una buena persona. Necesito sonreír más y gritar menos. Caminar y disfrutar del momento en lugar de correr y apresurarme. Reírme de las tonterías y las dificultades, y siempre, siempre, buscar el lado positivo, la lección de la prueba.
Y esa es la mamá que elijo ser hoy.


